miércoles, 10 de mayo de 2017

El día de los inocentes (April Fool's Day: A Novel.)



Esta es la primera novela del escritor  croata nacionalizado canadiense Josip Novakovich, (autor de varios libros de relatos, de poesía  y de no ficción) publicada en 2004 ; una novela, que rompe los límites del género. Tanto con la  naturalista  pintura de la guerra de Yugoslavia y sus atrocidades y la  fantástica  oscura y absurda  descripción de la vida del personaje principal Ivan Dolinar.

Ivan Donilar nace en la Yugoslavia de Tito (fue un político y militar croata, jefe de Estado de Yugoslavia desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta su muerte a los 87 años) el día de los inocentes de 1948, un halagüeño comienzo que se descarría enseguida en un mundo dominado por la propaganda y la paradoja. Años después, en vísperas de la guerra civil, será reclutado por el ejército equivocado, convirtiéndose en peón de un absurdo conflicto cuyas normas y lealtades cambian sin previo aviso. .Pero hasta en un mundo enloquecido  hay  una  línea  de  actuación  que  no pierde  el  norte:  la  supervivencia. Escrito con un humor mordaz y con una profunda ternura, esta novela es una devastadora sátira política y una afilada parodia de la guerra.


La novela  pasa de lo  horrible a lo  hilarante. Sorprendente en su capacidad de arrebatar imágenes únicas de las experiencias universales, Novakovich escribe con tanta claridad  que el lector se identifica inmediatamente con Iván. "El Día de los Inocentes" es un interesante documento histórico. Nos narra la fragmentación y desfragmentación de una nación con crísis de identidad, la cual a veces se reúne, como para presenciar un partido de fútbol y a veces se destruye con las constantes la guerras.


Por otro lado, la vida de Iván Donilar es una completa alegoría a su convulsionado tiempo. Nace y crece fanático de un régimen totalitario, el del Mariscal Tito; luego, con los años, intenta llevar una vida normal y estudiar medicina. Sin embargo, en medio de la crisis política se ve obligado a cambiar de profesión y de ideología hasta el punto en el que decide mantenerse al margen y convertirse en un espectador de la historia, dejándose llevar por su corriente.

 

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